Luís Carrasco, luchador por un nuevo paradigma social, inspirado en los castells.

El Casteller era para mí una síntesis de todo lo que yo hubiera querido que pasara en mi país: ¡Aquí está todo! Pensé. Estos tipos están integrados, tienen confianza, la pasan bien, hacen cosas increíbles juntos, aquí no hay miedo al estar juntos.

Cuando estás ahí, sólo estás preocupado de los demás, de lo que menos te preocupas es de ti, porque a su vez, todos están preocupados de ti, entras en un espacio de entrega total en que el ego desaparece, todo es cooperación o no resulta.

Hoy creo que también es un camino para sentir la comunión.

Castellers “todos para uno y uno para todos”

Por Cecilia Carrasco, Coach Ontológico, Directora de Motiva Consultores

¿Cómo comenzamos con los Castellers? A finales del año 1999, Luis Carrasco Díaz (Q.E.P.D) culminaba un programa de gerencia pública en Barcelona y al salir a celebrar, él y varios de sus compañeros se encontraron en una plaza con los Castellers.

Luis se quedó todo el día, para él fue una experiencia reveladora y supo en ese momento que debía traerla a Chile, nuestro país estaba muy distanciado y con mucha desconfianza.

Le costó mucho tiempo que los catalanes lo tomaran en serio, pero su constancia durante 6 años, logró convencerlos y generar vínculos indisolubles.

Como consecuencia, se pudo mandar a una persona a Barcelona a aprender la técnica de los Castellers.

Después capacitar a profesores y niños en escuelas de Lo Prado apoyado por el instructor Castellers, comenzamos a trabajar en dos frentes: el primero tuvo que ver con la educación y cohesión social donde se desarrollo el Proyecto educativo Castellers en la comuna de Lo Prado y el segundo, fueron las organizaciones públicas y privadas, facilitando la gran posibilidad de comenzar a hablar de cooperación como nueva forma de relacionarnos.

En Motiva Consultores hemos generado una metodología de aprendizaje del trabajo en equipo a partir de los Castellers.

En los Castellers participan personas de todas las edades, condiciones físicas, tamaños y oficios, cada uno de ellos desde sus diferencias y sus posibilidades se organizan para armar torres que desafían muchos paradigmas.

Al replicar esta actividad, se genera un espacio privilegiado para la inclusión y la convivencia, surgen lazos de confianza y respeto, se aprende a cooperar en la diversidad.

“Es un regreso a la vieja idea del todos para uno y uno para todos, permitiendo que muchas personas se pongan de acuerdo para hacer algo extraordinario en conjunto”, así definió Luis Carrasco lo que eran los Castellers.

La riqueza de la diferencia

Lo más probable es que cuando se junta un grupo de personas es por sus afinidades, en cambio nosotros decimos que los diferentes estilos y experiencias son un valor.

Estábamos acostumbrados a pensar que si no calzo en un esquema quedo excluido o seré excluido por el resto.

Eso es lo que más daña y hace sufrir a las personas, que aún teniendo las competencias técnicas no son reconocidos como iguales, son como los puntos negros en los equipos.

Desde ahí se traba cualquier crecimiento y al final terminamos segregando o eliminando a aquel que es diferente.

La riqueza de la diferencia es el aporte desde otro lugar, desde otra mirada que nos ayuda a ampliar las posibilidades, esto en el castellers no es solo una frase, es una forma de ver el mundo.

Los jóvenes que llevan practicando desde hace años, su automático es sustancialmente diferente a esta creencia que hemos vivido desde siempre.

Este es el aporte que tiene más valor en las experiencias con las empresas, se rompe el paradigma de a quién le damos autoridad, pues aquí llegan niños de 8 a 17 años que nos enseñan, ellos son los que nos dicen cómo hacerlo y conducen este espacio.

En el Castellers todo lo que yo haga le afecta al otro de manera positiva o no, podemos ver las consecuencias de nuestros actos de manera muy evidente. Nos damos cuenta que podemos avanzar y crecer apoyándonos, pidiendo ayuda y cooperando, ahí dejamos de estar solos abriendo posibilidades de grandes metas y sueños.

¿Y qué me pasa a mí con los Castellers? En mi cotidiano cada vez que participo de un castillo estoy en la base donde nos dejamos de ver muy rápido porque otros suben a un segundo piso y muchos nos rodean formando una piña. Muchas de estas veces es mi hija menor la que sube a un tercer o cuarto piso y no la puedo ver ni saber que pasa hasta el final. Es ahí donde aprendí a confiar en el otro, a creer que otros cuidarán, respetarán y apoyarán tanto como yo a mi hija, literalmente a ojos cerrados.

Los Castellers me han enseñado la constante consigna “un sueño que sueñas solo es solo un sueño, un sueño que sueñas acompañado es una realidad”. Y que las personas podemos hacer grandes cosas y pasarlo bien, adultos jóvenes o niños, sobre todo de los niños que dicen las cosas de manera clara y sin rodeos, ellos muchas veces son nuestros maestros.

Los Castellers es una herramienta profunda y significativa que nos muestra lo que significa vivir en la cooperación y respeto a nuestra identidad.